Cuatro personas en forma de juguetes, colocadas en trozos de madera de diferentes tamañosLos sistemas de información son el músculo de los procesos tecnológicos en los que se basa la actividad de una empresa. Para que esos músculos conduzcan el cuerpo de la sociedad hacia el destino deseado, es necesario que se dé un alineamiento entre estrategia de negocio y los sistemas de información.

En la puesta en práctica del alineamiento estratégico de los sistemas de información con el negocio, existen varios posicionamientos que ofrecen un marco dentro del cual la organización gestionará la aplicación de las TI.

El posicionamiento que tome la empresa, idealmente a través de una decisión explícita de la alta dirección, es probablemente el paso más importante a dar en la ejecución de cualquier estrategia de sistemas de información. Más aún, quizá no resulte tan relevante la decisión en sí como la forma efectiva en que los protagonistas la tomen, la entiendan, la compartan y la cumplan.

Estos son algunos de los posicionamientos posibles:

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Posicionamiento de ejecución de la estrategia de sistemas de información

Utiliza como eje de actuación la puesta en práctica de la estrategia de sistemas de información, emanada de la estrategia de negocio, bien descrita y explicitada, en el que se crea un fuerte vínculo entre la dirección general y la dirección de sistemas de información. En esencia, el CIO se convierte en un gestor funcional más, centrando sus esfuerzos en el encaje de la tecnología con el modelo de negocio.

Los miembros de la organización pueden encontrar un medio en el que desarrollar sus propias iniciativas, potenciadas por un marco de coherencia y dirección, partiendo del principio básico de la consistencia de las iniciativas con la planificación estratégica.

La estrategia de sistemas de información se convierte en el garante de la buena dirección de los proyectos y es la alta dirección, junto con la de sistemas de información, quien vela porque se mantenga este camino.

Los costes adquieren una gran relevancia en tanto constituyen un factor indispensable a la hora de llevar a cabo los planes estratégicos, analizándolos comparativamente con los beneficios que desde un punto de vista de negocio puede generar una determinada aplicación de la tecnología.

Posicionamiento tecnológico

En determinados escenarios de negocio, típicamente en aquellos emergentes, la tecnología puede resultar un pivote sobre el cual gire la estrategia de sistemas de información.

En este caso, los esfuerzos de la dirección de sistemas de información se centrarán en la búsqueda de opciones tecnológicas innovadoras y en cómo estas pueden ser implantadas y soportadas a futuro en la organización. El perfil de los gestores de TI será el de arquitectos de TI.

En este posicionamiento, la alta dirección acota económicamente las posibilidades de la empresa, delegando en el área de TI la toma de decisiones.

Posicionamiento de servicio

El papel de la dirección de sistemas de información es el de un gestor de servicio centrado en la satisfacción de usuario

Bajo este posicionamiento, el foco se encuentra en cómo proporcionar del modo más eficiente las demandas de productos y servicios por parte de los usuarios. La gestión de TI pivota sobre la infraestructura tecnológica.

Este posicionamiento no incluye una visión de la estrategia de negocio, convirtiéndose el principal papel de la dirección de Sistemas de Información en el de la priorización de proyectos y gestión de recursos internos. Por tanto, la involucración de la alta dirección será más bien pasiva.

El modelo suele ser el de configurar las TI como una unidad de servicio o un negocio dentro del negocio que debe resultar rentable.

Los objetivos suelen ser de corto plazo y se gestionan en comités compuestos por representantes de la dirección de diferentes áreas de la organización que deliberan sobre las prioridades de los proyectos de TI.

El papel de la dirección de Sistemas de Información es el de un gestor de servicio centrado en la satisfacción de usuario, entendidos estos como los miembros de la organización. La única estrategia a elaborar es la forma en la que se va a responder a las exigencias de los clientes internos.

Para medir el grado de efectividad de la actividad, generalmente se establecen Niveles de Servicio (ANS) que constituyen las dimensiones de medida de los servicios y el modelo de contraste entre los estándares y medidas reales.

Este enfoque es similar al del uso del fluido eléctrico. Se enchufa, desenchufa y regula la potencia en función de unas necesidades no siendo preciso conocer la complejidad que hay detrás de una toma de corriente, sólo su coste.

Todos estos posicionamientos pueden ser perfectamente válidos y lo serán en función de lo alineadas que estén con la estrategia del negocio o de su mejor adaptación al estilo de dirección de la compañía.

Lo verdaderamente importante es que uno de ellos –o una nueva combinación resultante– se convierta en el camino de la ejecución de la Planificación y que la decisión sea compartida y entendida por los miembros de la organización, a distintas intensidades. De lo contrario, la dirección, el departamento de Sistemas de Información y las áreas usuarias tendrán diferentes inquietudes y por tanto se insatisfarán expectativas.

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